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Un tatuaje temporal mide los niveles de azúcar en sangre

Un equipo de investigadores de la Universidad de California en San Diego, ha diseñado un sensor flexible a modo de tatuaje temporal, que utiliza una suave corriente eléctrica para medir los niveles de glucosa en el organismo de una persona.

Para aquellos con diabetes, medir los niveles de glucosa varias veces al día es una obligación vital para gestionar adecuadamente su enfermedad, así como controlar las dosis de insulina que necesitan. Pincharse con regularidad, no es de gusto para nadie, por lo que muchos pacientes tienden a evitar tantos pinchazos al día poniendo en peligro su salud.

Este nuevo dispositivo tiene la solución: es completamente indoloro.

“Actualmente el sensor del tatuaje puede sobrevivir fácilmente por un día y por lo tanto pueden ser reemplazados. Además son muy baratos, por lo que no tienen mucha carga financiera para el paciente”, explica Amay Bandodkar, líder del estudio.

El tatuaje temporal ya ha sido probado con éxito en siete pacientes sanos de entre 20 y 40 años de edad. Según los resultados, el dispositivo midió incluso con mayor precisión los niveles de glucosa de cada paciente que la clásica punción digital. Los expertos están trabajando para que este tatuaje temporal tan innovador para diabéticos tenga “capacidades Bluetooth para enviar esta información directamente al médico del paciente en tiempo real o incluso almacenar datos en la nube”, aclara Bandodkar.

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Saurichthys

Descubriendo nuevas especies

En la Universidad de Zurich, Suiza, un equipo de paleontólogos y expertos en fauna primitiva, descubrieron en el Monte San Giorgio, dos nuevas especies de Saurichthys. Estos, son peces prehistóricos extintos, que vivieron en el periodo Triásico entre 250 y 200 millones de años.

Esta extraña especie, habitaba en mares y corrientes dulces alrededor de todo el mundo, y contaban con una mandíbula muy prolongada, cuya longitud representaba casi un tercio de la de todo el animal, que medía alrededor de un metro. Ademas, poseían numerosos dientes afilados.

No obstante, estas nuevas especies, denominadas Saurichthys breviabdominalis y Saurichthys rieppeli, presentan ciertas características distintivas. Estos, son de menor tamaño dado que miden entre 40 y 60 centímetros y también, varían en su forma y estructura craneal.

Para el paleontólogo Heinz Furrer, que ha impulsado la investigación, “estas desemejanzas muestran que en los mares poco profundos de la época existían diferentes hábitats y ya se habían desarrollado técnicas de caza muy variadas, lo que facilitaba la coexistencia de muchas especies”.
En su opinión, la capacidad de adaptación de estos animales a diversos nichos ecológicos y a una alimentación especializada explica su éxito evolutivo.
Con estas dos especies ya se conocen seis de Saurichthys, lo que convierte a estos peces en los más numerosos y diversos hallados en el entorno del San Giorgio, muy abundante en fósiles del Triásico.

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Luna

La Tierra y la Luna tuvieron el mismo origen

Gracias a los estudios más recientes realizados sobre el proceso de formación de los planetas dentro de nuestro Sistema Solar, se ha podido revelar el misterio sobre la formación de la Luna. El enigma siempre estuvo presente, hubo distintas teorías que lo fundamentaron a lo largo de los años pero… ¿Cómo se formó realmente?

Existe la teoría llamada “del gran impacto” cuya explicación sobre el tema en cuestión es que el Planeta Tierra choco hace millones de años con otro conocido como Theia. Esta colisión provoco que una parte reducida saliera despedida y que acabara mezclándose con los restos de este cuerpo celeste, que luego formarían la Luna. Esta teoría, sin embargo, inquietaba al mundo científico teniendo en cuenta que menos de un 1% de los choques eran entre planetas iguales. Y lo cierto es que las muestras de rocas lunares muestran una composición isotópica muy similar a las rocas de la Tierra. ¿Cómo es esto posible si otros cuerpos del Sistema Solar presentan composiciones diferentes? Ya que, de hecho, con este planteamiento, Theia debería haber formado una Luna muy distinta a la actual.

Para resolver este enigma, un equipo de investigadores liderados por Alessandra Mastrobuono-Battisti del Instituto Tecnológico de Israel (Technion) realizó simulaciones de las colisiones entre protoplanetas y compararon la composición de los planetas resultantes con el cuerpo celeste impactador. Los resultados de estas 40 simulaciones con 80 embriones planetarios y unos 1.000-2.000 fragmentos más pequeños han revelado que la mayoría de los planetas surgidos del impacto presentaban composiciones diferentes, pero hasta un 40% de ellos tenían composiciones isotópicas muy parecidas.
Esto explicaría por qué la Tierra y la Luna comparten isótopos tan importantes como el oxígeno: Una gran fracción de pares planeta-impactador tienen composiciones casi idénticas, por lo tanto, la similitud en la composición entre la Tierra y la Luna podría ser una consecuencia natural de un impacto gigante”, aclaran los científicos en su estudio que ha sido publicado en la revista Nature. Por tanto, “es bastante probable” que la Tierra chocase con un planeta gemelo y que de ese choque surgiera nuestro satélite.
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