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El genio de la risa

Charles Chaplin (1889-1977)

Este legendario comediante, productor, escritor, director y compositor británico, es considerado como uno de los artistas cómicos de cine mudo más importantes. Esto se debe a la creación de un personaje llamado Charlot, a quien Charlie Chaplin interpretó magistralmente.

Sir Charles Spencer Chaplin nació el 16 de abril de 1889 en Londres (Gran Bretaña), en el seno de una familia de actores de teatro cómico de escasos recursos económicos. Introducido por sus padres en el mundo del teatro, donde debutó con tan sólo 5 años de edad, Chaplin sufrió el abandono de su padre y la muerte de su madre a los 7 años.

Tras pasar una temporada en un orfanato regresó al mundo del teatro, dedicándose muy particularmente a la mímica. Ya a los 12 años había viajado por Europa y los Estados Unidos con diversas compañías y había trabado amistad con otros actores, como Fred Karno.

Sus viajes a los Estados Unidos terminaron determinando definitivamente su carrera artística y su vida. Dotado de un talento inusual, Chaplin recibió en 1913 una oferta para trabajar en las películas realizadas por Keystone Cops., una productora norteamericana que contaba con autores consagrados en la época, como el célebre Fatty Arbuckle.

Aunque Chaplin comenzó interpretando papeles secundarios, su talento hizo que la productora descubriese en él un auténtico filón, que comenzó a explotar utilizando a Chaplin como protagonista de diversas películas.

Charlot

Fue en este periodo de su vida cuando Charlie Chaplin creó el personaje que le dio fama universal, Charlot, identificable por su sombrero hongo, su bigote, un bastón con el que adornaba su extraña y cómica manera de caminar, su chaqueta ajustada y unos pantalones y unos zapatos enormes, que le daban un aspecto ridículo que recordaba a los payasos circenses.

El personaje basaba además su identidad en la expresividad del rostro de Chaplin, que con unas cejas pobladas y un bigote que se movía al compás de sus estados anímicos conseguía despertar en el público emociones que iban desde la carcajada hasta la tristeza más dramática.

El talento de Chaplin y el gancho de Charlot hicieron que diversos estudios comenzasen a disputarse los servicios del actor británico, que en pocos años consiguió convertirse en un artista célebre en los Estados Unidos y en Europa.

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Madurez artística

En 1915 Chaplin pasó a trabajar para los estudios Essanay, lo que supuso un hito en su carrera. El artista británico dejó de ponerse a las ordenes de los guionistas y los directores para escribir y dirigir sus propias películas, en las que daba rienda suelta a su creatividad, que oscilaba entre los números cómicos basados en la pantomima y la sensibilidad derivada de una fuerte concienciación social y política.

Aunque los números cómicos de Chaplin estaban a la altura de los de otros cómicos de la época, la auténtica novedad de su obra residía en la inteligencia de sus películas. Éstas no se limitaban a estructurarse alrededor de la sucesión incontrolada de gags en los que Charlot se caía, tropezaba o realizaba acrobacias, sino que además incorporaban una trama dramática muy poco usual.

Por otra parte, con los años, Charlot había alcanzado un nivel expresivo incomparable. Los gestos y la mímica eran muy sutiles, y no era necesario que el personaje se viese expuesto a situaciones inverosímiles para generar todo un torrente de sensaciones. Frente a otros personajes del momento, Charlot era sutil, y estaba repleto de matices complejos.

Hacia el año 1917, Chaplin era ya un actor y un cineasta consagrado, que se había enriquecido notablemente y que hacía gala de una ideología incómoda para la mayor parte de los políticos de la época por su liberalismo. A partir de este año produjo las películas más notables de su carrera, primero bajo la producción de la First Nacional, y después con su propia compañía.

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United Artist

En el año 1919, junto con David Wark Griffith, Mary Pickford Douglas y Fairbanks, creó la United Artist, productora con la que pudo dirigir sus propias películas sin ninguna clase de coacción. A partir de este año Chaplin se volvió más intimista y personal, y se dedicó a depurar su técnica narrativa dirigiendo a otros actores y a otros personajes.

Si bien el público clamaba por la presencia de Charlot en sus películas, Chaplin tardó varios años en retomar el personaje, que volvió a mediados de los años veinte mostrando la más patética y trágica de sus facetas.

A partir de los años treinta, Chaplin comenzó a hacer películas políticamente comprometidas, en las que criticaba a los grandes líderes mundiales o en las que ironizaba acerca de la forma de vida de los norteamericanos conservadores. Además asumió con inteligencia la irrupción del cine sonoro.

Ante las críticas recibidas por parte de los sectores más conservadores y radicales de los Estados Unidos, Chaplin decidió cambiar su residencia a Europa, y a mediados de los años cuarenta se deshizo del personaje que le dio fama: Charlot.

Charlie Chaplin murió en Suiza en 1977, a la edad de ochenta y ocho años, dejando como legado algunas de las obras más valoradas de la historia del cine, entre las que destacan El chico (1920), en la que retrata la pobreza de los niños que vivían en los barrios deprimidos; La quimera del oro (1925), en la que realiza uno de los gags más célebres de su carrera al comerse sus propias botas; Tiempos modernos (1935), en la que critica la irrupción de las máquinas en el mundo de los obreros; o El gran dictador (1940), para muchos su obra cumbre, en la que ridiculiza al dictador alemán Adolf Hitler.

 

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La obra de Leonardo

Leonardo Da Vinci, nació en 1452 en la villa toscana de Vinci, hijo natural de una campesina, Caterina (que se casó poco después con un artesano de la región), y de Ser Piero, un rico notario florentino. Italia era entonces un mosaico de ciudades-estados como Florencia, pequeñas repúblicas como Venecia y feudos bajo el poder de los príncipes o el papa. El Imperio romano de Oriente cayó en 1453 ante los turcos y apenas sobrevivía aún, muy reducido, el Sacro Imperio Romano Germánico; era una época violenta en la que, sin embargo, el esplendor de las cortes no tenía límites.

Su obra

Leonardo da Vinci es una de las figuras más fascinantes del Renacimiento. También es uno de los creadores que ha dado lugar a un mayor número de mitos sobre su persona. Considerado el paradigma del homo universalis renacentista, incursionó en campos tan variados como la aerodinámica, la hidráulica, la anatomía, la botánica, la pintura y la arquitectura, entre otros.

Su legado ha sido tan impresionante como la magnitud de su mito. Sus fecundas investigaciones científicas fueron, en gran medida, olvidadas y minusvaloradas por sus contemporáneos, mientras que en su obra de pintor vieron en él un maestro y un sabio, que consigue elaborar y plasmar el ideal de belleza que preside la actividad artística del Alto Renacimiento.

Pintura y ciencia

Cuando se considera a Leonardo con relación a la variedad y complejidad de sus actividades artísticas y científicas, los rasgos que lo definen son su categórico rechazo al principio de autoridad y la afirmación de la experiencia como valor exclusivo. En su actividad como pintor éste será igualmente su rasgo definitorio. Aprendidos los dos principios básicos de la pintura florentina del Quattrocento, el sistema de representación tridimensional y la valoración de la Antigüedad clásica como maestra, se opondrá a ellos, superándolos y planteando un nuevo sistema de representación; a la construcción geométrica del espacio y la perspectiva lineal conseguida por los quattrocentistas, opone la perspectiva aérea, cuya base se encuentra en sus continuas investigaciones sobre el fenómeno de la luz. Ante la lección de la Antigüedad clásica, reacciona mediante un conocimiento racional, vasto y experimentado, de los fenómenos de la naturaleza.

En Leonardo se funden, como en ninguna otra personalidad histórica, la actividad artística y la actividad científica, y es en él donde, de un modo cierto, ambas actividades entran en contradicción, unas veces alimentándose y otras contraponiéndose. Pero, para Leonardo da Vinci, la belleza no se aparta de su concepción científica de la naturaleza, ya que, como ella, tiene que ser visible y experimentable. Leonardo, formado en contacto con el núcleo florentino neoplatónico, no abandona la idea de que la belleza es algo inmaterial, aunque ésta no se va a manifestar, como lo hacía en Botticelli, a través de metáforas y apologías, sino mediante una imagen visual directa, búsqueda que ocupa toda la actividad pictórica del artista.

El sfumato, recurso técnico inventado por él, que consiste en la difuminación de los contornos, se basa en su teoría científica sobre el espesor transparente del aire, que le lleva a la representación atmosférica. Leonardo intuye que la atmósfera no es transparente, sino que tiene color y densidad propias, que cambian por los efectos de luz; estas propiedades atmosféricas varían el volumen y el color de los objetos, que se encuentran integrados y unidos al medio en que se ubican.

El Quattrocento representaba los objetos, partiendo de una visión preconcebida de ellos; Leonardo los representa tal y como los observa en el momento en que van a ser representados, olvidándose de cualquier idea establecida a priori. La técnica delsfumato permite la fusión del objeto con la naturaleza que lo circunda, la unión de la naturaleza humana con la naturaleza cósmica, la consecución de la belleza ideal.

La Gioconda

En el arte occidental, se puede decir que no hay ninguna obra más famosa que la pintura de Leonardo da Vinci del retrato de Lisa Gherardini, llamado Mona Lisa (Mona es una abreviatura del italiano Madonna, señora), hija de un fabricante de lanas florentino llamado Antonio Gherardini. A su muerte, la muchacha habría sido prometida al hijo menor de Lorenzo el Magnífico, pero al huir el clan de los Médicis ante la invasión francesa, la joven se habría quedado sola y embarazada. En tan adversas condiciones, Lisa Gherardini habría aceptado desposarse con Francisco Giocondo, un hombre de mucha más edad que ella a quien debería el sobrenombre de la Gioconda. Sin embargo, son innumerables las teorías a este respecto; muchos creen que el retrato no se basa en un único modelo, sino en la suma de varios.

Se sabe que Leonardo trabajó en el retrato de la Gioconda durante cuatro años, probablemente desde 1503, pero él nunca lo consideró terminado y se negaba a entregarlo al cliente. El propio pintor manifestó en su época una gran predilección por el retrato de la Gioconda. Se sabe que llevaba consigo este cuadro en sus viajes, y que a menudo pasaba largas horas observándolo en busca de inspiración. No se conserva ningún boceto previo del retrato de la Gioconda, hecho ciertamente insólito si se tiene en cuenta que Leonardo, como muchos otros pintores, solía realizar exhaustivos estudios previos a sus diferentes obras.

Leonardo se lo llevó a Francia cuando en 1516 fue llamado por Francisco I y, a través de la familia real francesa, el cuadro llego con el tiempo al Louvre de París. Sin embargo, la pintura ha sido probablemente cortada en todos sus lados y, ante todo, el color ha sufrido transformaciones con el transcurso del tiempo: los tonos rojos han desaparecido casi totalmente y toda la pintura ha adquirido un tono verdoso.

Aun así, la obra conserva todavía una belleza peculiar. Muchos intentos se han hecho para explicar el vivo efecto que produce en el espectador. Leonardo utilizó un típicosfumato: los suaves colores y los contornos se funden en una sombra indecisa. De la misma manera, la expresión del rostro es equívoca: una sonrisa juega alrededor de la boca y los ojos. La joven parece mirar al espectador pero también al mismo tiempo mira a lo lejos, o hacia su interior. El efecto queda acentuado por el paisaje onírico del fondo, donde además el artista ha dejado mucho más bajo el horizonte de la izquierda que el de la derecha. Tampoco las dos mitades de la cara son del todo iguales. Lo turbador de estos aspectos se contrapone con la tranquila armonía de las manos maravillosamente modeladas.

La grandeza y la serenidad que la obra trasmite parece proceder de su profundidad anímica, de su propia intimidad psicológica que parece modelar su presencia física de la dama que, al mismo tiempo, se desintegra en la naturaleza envolvente, sin que por ello pierda su propia identidad. Leonardo consigue que lo universal y lo particular se conjuguen en una simbiosis perfecta. El paisaje, en continuo movimiento, símbolo del ser de la naturaleza, se conforma mediante ríos que fluyen, brumas, vapores, rocas deshilachadas, juegos de luces y vibraciones de colores. Nada hay permanente, todo se trasmuta y se funde, en una visión de paisaje irreal, esencia de la naturaleza. La belleza estriba en ese continuo ser y no ser, hacerse y deshacerse; la mujer en comunión con la naturaleza se integra y forma parte de ella, convirtiéndose igualmente en fondo.

Muy pronto empezaron las cábalas y especulaciones acerca de la modelo del cuadro y su enigmática sonrisa. El artista del siglo XVI Vasari relata que Leonardo hacía tocar música durante las sesiones para que la modelo conservara “esta sonrisa extasiada que, al verla, hace pensar en una alegría más celestial que terrena”. Freud realizó una interpretación psicoanalítica. Su sonrisa se ha comparado a la expresión de arcaicas estatuas griegas o esculturas angelicales góticas. Pero también ha sido sometida a una cruel caricaturización por parte de muchos artistas. En 1911 el cuadro fue robado por un aprendiz de pintura italiano que lo llevó a Florencia con la intención de vendérselo al estado italiano, pero fue localizado al cabo de dos años y el cuadro fue devuelto.

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