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Navidad

Natividad de Jesús

Jesús de Nazaret, profeta y predicador judío, también conocido como Jesucristo o Cristo ( christos,traducción griega de la palabra hebrea mashiach, es decir, Mesías” o “el ungido de Dios”), es la figura central de la religión cristiana, pues es considerado el Hijo de Dios, nacido como salvador y redentor de la humanidad.

Para el dogma cristiano, Dios se encarnó en Jesús (versión griega de Joshua) de Nazaret, adoptando una forma humana, y murió crucificado y resucitó físicamente de entre los muertos. La creencia en la identidad entre Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo (la Trinidad) como un Dios único y triple es el eje central de la religión cristiana.

Nacimiento y huida a Egipto

Jesús fue hijo de una mujer llamada María y de su esposo José, ambos judíos devotos. Nuevamente según la tradición, María permaneció siempre virgen, por lo que su alumbramiento fue obra divina: el arcángel Gabriel se presentó ante ella y le anunció que iba a concebir milagrosamente un niño divino a través del Espíritu Santo; tras su nacimiento, tres sabios o magos se presentaron en el lugar siguiendo el rastro de una estrella que les anunciaba la llegada del “rey de los judíos“. Conocido el hecho por el rey Herodes, quien gobernaba sobre los judíos por mandato de los romanos, ordenó asesinar a todos los recién nacidos de la región de Belén, aunque José, advertido en sueños por un ángel, huyó con su familia a Egipto.

Muerto Herodes, José (carpintero de profesión), María y Jesús regresaron a Palestina y se establecieron en Nazaret, donde transcurrió la infancia de Jesús. Poco se sabe de esta etapa de su vida, más allá de algunos datos que hablan de su creciente devoción y su intenso sentimiento espiritual, así como de que ayudaba a su padre en sus labores de carpintero.

Pesebre

Bautizo y descenso del Espíritu Santo

Ya adulto, cuando tenía unos treinta años se hizo bautizar en el río Jordán por Juan Bautista, un importante profeta. El relato del Nuevo Testamento cuenta cómo cuando estaba siendo bautizado se abrieron los cielos y descendió el Espíritu Santo en forma de paloma, al tiempo que se oyó una voz en las alturas que dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido”. A partir de entonces y durante el año siguiente, Jesús se preparó espiritualmente para llevar a cabo su misión predicadora. Durante este periodo se produjeron diversos episodios narrados por los Evangelios, como el ayuno en el desierto durante 40 días y 40 noches, la expulsión de los mercaderes del templo o la prisión de Juan Bautista, entre otros.

Fuente: Magnacademy

Fotografía: Carlos Torres Riccardo Palazzani